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El mapa de la densidad europea: el eje central europeo y los vacíos demográficos.

En la página de Facebook de Dinámicas Demográficas acaba de publicarse este mapa de la densidad de la población europea en 2006. Aunque los datos ya tienen algún tiempo, las líneas maestras de esta distribución de la población continúan vigentes. De hecho lo han estado siempre.

Distribución_de_la_población_en_Europa_2006

Mapa 1. Fuente: http://urbandemographics.blogspot.co.uk/2014/07/population-distribution-in-european.html

En esta ocasión vamos a hacer referencia a dos cuestiones que nos parecen significativas. La primera es la localización de lo que podemos denominar el eje central europeo [Ver Mapa 1], no ya solamente por su peso demográfico y su concentración urbana sino también porque constituye hoy el centro político y económico del subcontinente europeo. Esta circunstancia es una continuidad histórica evidente. Ya en el siglo IX, en el reparto que Luís el Piadoso hace del Imperio Carolingio entre sus tres hijos (Tratado de Verdún, 843) [Mapa 2], otorga al primogénito una franja territorial que iba desde el actual Benelux hasta el norte de Italia. Aparentemente este hecho constituía un despropósito pues el territorio era  dificilmente defendible, encorsetado como estaba entre sus dos hermanos. Pero ese eje, esa franja, ya constituía entonces un centro económcio de primer orden al comunicar las ciudades italianas con las flamencas. Como se ve la historia tiene continuidades sorprendentes.

Tratado de Verdún 843

Mapa 2. Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Tratado_de_Verdún

La segunda cuestión se refiere a los vacíos demográficos. La mayor parte de ellos se explican por la presencia de relieves abruptos, especialmente cordilleras -Alpes, Pirineos, Cárpatos, Apeninos,…- o climas inhóspitos para el ser humano, como el clima polar de Islandia o norte de Finlandia, o el continental frío de la la península Escandinava, Escocia, etc. Pero esos factores ortográficos o climáticos no explican suficientemente el vacío del interior de la península Ibérica; para comprender esa situación hemos de recurrir a factores históricos y económicos: crisis del sector primario, proceso de urbanización acelerado y desequilibrado, éxodo rural, estructuras de la propiedad inadecuadas para mejorar los niveles de vida generales, etc. Como hemos comprobado, muy a menudo, la explicación de los fenómenos geográficos requiere del recurso tanto de la geografía física, como de la humana, así como también de otras ciencias auxiliares de la geografía como la historia, la economía, etc.

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El auge de la extrema derecha en Europa

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1. El contexto histórico.

En los últimos años las noticias sobre el resurgimiento de los grupos de extrema derecha han proliferado en casi toda Europa. Han ganado cotas de poder en las diversas elecciones celebradas, han convocado manifestaciones callejeras, sus líderes han ocupado las portadas, en suma han ido ganando poco a poco una visibilidad de la que antes carecían.
Tras la Segunda Guerra Mundial el extremismo de derechas, vinculado ideológica y políticamente al fascismo italiano o al nazismo alemán cayó en un descrédito significativo cuando no en una larga postergación. La explicación resulta obvia; su derrota en la guerra y la difusión de los aspectos más crueles e inhumanos de su actuación allí donde dominaron revelaron su auténtico rostro. Y daba miedo. Por otra parte, las potencias victoriosas controlaron cualquier tipo de resurgimiento, al menos público, del fascismo político.
Así pues, durante bastante tiempo, la extrema derecha vinculada a presupuestos ideológicos fascistas o nazis, quedó reducida a grupúsculos muy ideologizados pero también muy reducidos. Incluso las dictaduras del sur de Europa -Portugal, España y Grecia- procuraron desprenderse de su parafernalia fascista y de su vinculación originaria con esta ideología para abrazar el anticomunismo como principal seña de identidad, elemento políticamente más correcto en aquella coyuntura. También la fase económica expansiva de los años cincuenta y sesenta en la Europa occidental contribuyó a la marginalidad de estos movimientos pues redujo notablemente el malestar social, que fue el principal caldo de cultivo del florecimiento de estos movimientos.
No obstante hacia finales de los años ochenta del pasado siglo fue posible observar una reaparición, política y electoral, de estos partidos. El inicio de este proceso lo dio en 1984 el Frente Nacional francés, que obtuvo casi un 11 % de los votos en las elecciones europeas de ese año. Esta tendencia se extendió y consolidó por otros lugares de Europa: Bélgica, países escandinavos, Holanda, Italia, etc.
Por otro lado, en la Europa oriental, dominada por los partidos comunistas y la influencia soviética, las posibilidades del resurgimiento de estos grupos eran nulas.
La situación comenzó a cambiar en los años noventa del siglo pasado. El derrumbe del comunismo favoreció la aparición en los países de la Europa oriental, en un clásico movimiento de péndulo, de grupos que hicieron del nacionalismo su principal bandera, no tardando en dotarlo de rasgos xenófobos y excluyentes; es posible afirmar que el vacío dejado por el comunismo fue reemplazado por el nacionalismo como ideología identitaria de estos grupos. Pronto comenzaron a buscar en los partidos de derechas o claramente fascistas de los años treinta sus referentes históricos. El huevo ya estaba puesto, solamente había que dejarlo crecer.
La crisis económica iniciada en 2008 ha incidido como un factor expansivo al posibilitar el acercamiento del discurso político ultraderechista a nuevos sectores sociales. Algunos historiadores han asimilado este proceso al ocurrido en Europa durante los años 30, cuando, en un contexto económico muy deprimido, aparecieron partidos fascistas en varios países. Es indudable que la actual crisis económica está incidiendo en el importante crecimiento de estos grupos, pero ¿cómo lo hace?:
• La primera consecuencia es la modificación de su discurso político, en el que va ganando fuerza la crítica a la Unión Europea y a sus políticas de austeridad. Se hacen eco, de esta forma, del malestar de muchos ciudadanos agraviados por estas políticas.
• La crisis económica ha deteriorado la confianza de numerosos ciudadanos en la eficacia de los sistemas democráticos para resolver su terrible situación socioeconómica. Desde esta perspectiva la crítica a la democracia liberal no resulta un elemento extraño en el discurso de la extrema derecha.
• La extensión de las dificultades económicas entre amplias capas de la población y la mayor competencia por el acceso al trabajo y a unos servicios públicos cada vez más recortados suscitan rivalidades entre la población autóctona depauperada y la inmigración llegada en los años de bonanza. Esta circunstancia es aprovechada y estimulada por estos movimientos.
A pesar de todo ello debemos afirmar que la crisis económica tiene una incidencia relativa en este auge. El contexto nacional y la trayectoria histórica de cada país son también elementos de gran influencia para explicar la evolución de estos grupos. La prueba de que la relación entre los efectos de la crisis económica y el resurgimiento de los grupos racistas y fascistas no es mecánica es el ejemplo mismo de España, donde estos grupos no han logrado, por ahora, incrementar significativamente su presencia.

2. El auge de estos movimientos.

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EL PAÍS

La aparición e incremento de la fuerza electoral de estos partidos es un fenómeno que se ha extendido por casi toda la geografía europea.
En el ámbito escandinavo, poco castigado por la actual crisis económica, se ha dado un destacado auge de estos movimientos:
· En Noruega, el Partido del Progreso, llegó a conseguir un 22,9 % de los votos en las elecciones de 2009, con un mensaje centrado en los peligros de una “progresiva islamización” y en la propuesta de la limitación de la inmigración no europea. En las elecciones de 2013 descendió en votos -16,3 %- pero logró entrar en el gobierno aliado con el Partido Conservador.
· En Finlandia, la formación Verdaderos Finlandeses se creó en 1995. Su programa político alude a la eliminación de los subsidios de la política económica de la UE y a la limitación de la inmigración. En las elecciones de 2011 se convirtieron en la tercera fuerza política del país con el 19,05 % de los votos.
· En Dinamarca, el Partido Popular danés ha aumentado su número de votos desde 1998, habiendo logrado el 13,8 % de los votos en 2007. Se opone a la “islamización” y a la integración de los inmigrantes; reclama más soberanía propia dentro de la Unión Europea y, en política internacional, apoya incondicionalmente a Estados Unidos e Israel.
Uno de los ejemplos más relevantes del ascenso de estos partidos se ha producido en Francia donde el Frente Nacional de Jean Marie Le Pen, dirigido ahora por su hija Marine Le Pen, ha mantenido un paulatino ascenso electoral plasmado en su reciente éxito en las elecciones municipales de este año. Su tradicional discurso xenófobo ha ido variando al sumársele elementos de crítica al neoliberalismo y a la globalización que han calado en los sectores más castigados por la crisis económica: se calcula que un 30 % de sus votantes procede de la clase trabajadora. Su política reclama el freno a la inmigración, la reimplantación del proteccionismo y el abandono del euro. Se podría calificar de un programa nacionalista que apoya la idea de un resurgir del sentimiento nacional francés en peligro por el sincretismo cultural y la globalización.
La abundancia de ejemplos referidos a este aumento del peso de los partidos populistas o fascistas -Austria (con el FPÖ y el BZÖ), Bélgica (Vlaams Belag), Holanda (Partido de la Libertad), Italia (Liga Norte), Hungría (Jobbik), Grecia (Amanecer Dorado), etc.- queda reflejado en el siguiente mapa.

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El aspecto más preocupante es que una parte del mensaje ideológico sustentado por estos grupos ha sido incorporado por los partidos de la derecha tradicional. El nacionalismo, la xenofobia, la crítica al multiculturalismo han sido asumida por políticos como Nicolás Sarkozy, Merkel o David Cameron –o el mismo PP español- cuando proponen medidas como la expulsión de los inmigrantes europeos sin trabajo para reducir las ayudas sociales (Alemania), la expulsión masiva de algunas etnias (gitanos rumanos por Sarkozy), el freno total a la inmigración (Cameron), retirada de la cobertura sanitaria a los inmigrantes irregulares (Rajoy), etc. Este mensaje va calando en la opinión pública europea y ganando dosis de respetabilidad en el debate político.
Puede que sea cierta la idea de que en Europa se está abriendo una fractura política muy significativa entre el nacionalismo y la globalización, entre el proteccionismo y el neoliberalismo, incluso entre una élites europeístas y unas poblaciones cada vez más desencantadas con una Unión Europea vista como causante de todas sus desgracias económicas. Esa fisura está siendo aprovecha por estos grupos políticos que arrebatan apoyos electorales tanto a la izquierda como a la derecha tradicionales.

Bibliografía.
SIMÓ, Patricio (2013): “El auge de la extrema derecha”. EL PAÍS, 18/10/2013.
CASALS, Xavier (2013): “El éxito electoral neonazi en Eslovaquia: la protesta contra los gitanos”, Blog de Xavier Casals. Consultado en https://xaviercasals.wordpress.com/tag/neofascismo/
CASALS, Xavier (2011): “La extrema derecha europea: una tendencia creciente”. Observatori del Conflicte Social. Yearbook 2011.
CASALS, Xavier (2001): “Una nova extrema dreta”. Papers de la Fundació Rafael Campalans, nº 126.
ANÓNIMO (2011): “El auge de la extrema derecha en Europa, en el ojo del huracán”. Libertad Digital. Consultado en: http://www.libertaddigital.com/mundo/2011-07-30/el-auge-de-la-extrema-derecha-en-europa-en-el-ojo-del-huracan-1276431160/
MARTÍNEZ DE RITUERTO, R. (2011): “La ultraderecha amenaza Europa”. EL PAÍS. 25/07/2011
HERNÁNDEZ, Aitor (2012): “L’impacte de la crisi sobre l’extrema dreta europea”. Fundació Catalunya-Europa.

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Paralelismos históricos

Antón Costas, catedrático de la Universidad de Barcelona, ha escrito en el diario EL PAÍS de hoy un interesante artículo en el que establece algunos paralelismos entre la situación histórica de la década de los años treinta del siglo pasado en Alemania y la actual situación en Europa. Pretende con ello comprender las razones de la obcecación política de Merkel, actual canciller alemana, en las políticas de control del déficit a toda costa.
Cuando los efectos de la Gran Depresión llegan a Alemania a principios de los años treinta, el canciller Heinrich Brüning adoptó una política económica no intervencionista y defendió la austeridad como la mejor política. Esta política fracasó, tuvo de dimitir y la República de Weimar se hundió, facilitando el ascenso de Adolf Hitler. Nada más acceder al poder, Hitler cambió la política económica al optar por el intervencionismo económico del Estado mediante la inversión en obras públicas y el aumento del gasto militar. Las consecuencias de la llegada del nazismo al poder son conocidas por todos.
De la misma manera, la actual política económica dominante en Europa, partidaria del control del déficit a capa y espada, y enemiga de cualquier intervencionismo estatal (leáse políticas keynesianas) para impulsar la economía, está generando la aparición de grupos políticos cada vez más radicalizados, muchos de ellos de índole racista y xenófoba. Otros grupos comienzan a cuestionar la misma existencia de la UE en los actuales términos. Observamos así cómo la crisis económica se está convirtiendo en una crisis política que puede transformar aspectos importantes de la Europa actual.
La Historia, a veces, teje paralelismos extraños pero ello nos debe servir para aprender de los errores cometidos. Podéis leer el interesante artículo en Scribd:

Fuente: EL PAÍS, 13/05/2012

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Los nuevos protectorados en Europa

Lucas Papademos, primer ministro griego impuesto por la UE y el FMI

El protectorado era una figura jurídico-política propia del derecho internacional a través de la cual los Estados colonialistas del siglo XIX ejercían una tutela sobre otros territorios que, sin embargo, mantenían algunos aspectos de su soberanía nacional. La tutela se ejercía sobre la defensa, las relaciones económicas y el orden público.
Pensábamos que este tipo de administraciones ya había pasado a la historia pero la realidad actual nos está demostrando que ello no es así. Algunos Estados, situados en la desarrollada y civilizada Europa están siendo sometidos a unas tutelas que nada tienen que envidiar a las del colonialismo del XIX. Países como Grecia o Italia han visto como sus gobernantes legítimos han sido sustituidos por tecnócratas elegidos por las actuales instancias de poder en la UE: Alemania, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. Los partidos mayoritarios en los respectivos parlamentos han apoyado estos nombramientos.
La consecuencia es que en estos países se aplican las políticas económicas y sociales que dictan los citados poderes, independientemente de los deseos y necesidades de sus ciudadanos, que han dejado de ser sujetos de soberanía para transformarse en meros súbditos. No significa que hayan desaparecido las formas democráticas -mañana hay elecciones en Grecia- pero el poder de los parlamentos se ha reducido a aspectos tangenciales.
Otros países están siendo vigilados de cerca por las autoridades comunitarias y financieras (España, Irlanda, Portugal), también con la aquiscencia de los partidos gobernantes. Todos estos países centran sus esfuerzos en el objetivo que se les ha impuesto: el pago del déficit en unos plazos determinados. Todo lo demás se supedita a ello: sanidad, educación, infraestructuras, pensiones, etc. No importa en bienestar de la población sino que los bancos y fondos financieros cobren. Es la ficción de la democracia; cuando los pueblos no pueden elegir su destino no existe la libertad.
Una parte de Europa se ha convertido en protectorado de la otra. Han resurgido los viejos instrumentos de dominación colonial convenientemente disimulados pero siempre obedientes al capitalismo financiero que es el verdadero centro de poder.
Ante esta situación no es extraño que los extremos políticos, especialmente los fascismos, cobren nuevo auge como se demuestra en la mayoría de las elecciones que se han celebrado en Europa últimamente. La desafección hacia la democracia es un enorme peligro que se cierne sobre Europa.

Sobre el mismo tema se puede leer el siguiente artículo de Ignacio Ramonet, publicado en Le Monde Diplomatique en español del mes de marzo de este año y titulado “Nuevos protectorados”

Nuevos protectorados

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