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Martin Luther King: I have a dream, cincuenta años después

Martin Luther King en Washington (1963). Fuente: Infobae.

El pasado 28 de agosto se conmemoró el 50 aniversario de la Marcha de Washington de 1963. Muchas personas participaron en ella -se calcula que unas 250.000-, reunidas con el objetivo de demandar una sociedad más igualitaria, libre de las cadenas de la segregación racial y de la discriminación que padecía la población negra en los Estados Unidos.
Hasta los años sesenta, en muchos estados norteamericanos se practicaba la segregación racial, una política muy parecida a la que protagonizó la Sudáfrica blanca: blancos y negros vivían separados, cada uno con sus barrios, colegios, lugares de ocio, etc., diferenciados en el espacio y en la calidad. Pero aún más grave era la desigualdad de derechos civiles y políticos: la población negra se veía discriminada al negársele el derecho al voto y la igualdad ante la ley.
Esta situación generó un movimiento de rechazo que fue cuajando a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta en Estados Unidos. Ello se plasmó tanto a través de acciones individuales, como la negativa de Rosa Parks a levantarse de su asiento en un autobús para dejárselo a un pasajero blanco en 1955, conducta que la llevó a ser condenada por un tribunal de justicia, como a través de acciones colectivas, y, en este sentido, fue importante la creación de la NAACP (National Association for the Advancement of Colored People), organización que promovía el derecho al voto y la defensa de la población de color ante los tribunales. Más tarde fueron las iglesias las que lideraron la defensa de las personas de color. 

Fuente: http://colorlines.com/archives/2010/12/rosa_parks.html

En este contexto fue tomando forma el Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos y, dentro de él, pronto fue adquiriendo relevancia la figura de Martin Luther King, pastor de la iglesia bautista.
En la marcha antes citada, Martin Luther King pronunció un discurso emblemático para la defensa de los derechos de la población negra norteamericana, sintetizado todo él en la famosa frase I have a dream (yo tengo un sueño). Fue un discurso que denunciaba la situación de la población negra y reclamaba igualdad, libertad y fraternidad -los mismos postulados que animaron la Revolución Francesa de 1789-. Se inspiró en valores morales propios de toda la humanidad, en la ilusión de una sociedad integrada y justa para todos, no sólo para los negros. Expuso también la necesidad de una lucha pacífica, no violenta. Fue un discurso poderoso, que expresó, con gran calidad oratoria y literaria, unas ideas que calaron en amplios sectores sociales, incluso más allá de la población de color.

Martin Luther King fue asesinado por un hombre blanco en 1968, pero su mensaje permaneció y algunos han querido ver en la presidencia de Barack Obama la realización de ese sueño.
No obstante, aún queda mucho camino por andar. Aunque la discriminación legal ha desaparecido, siguen perviviendo las enormes desigualdades económicas y sociales entre la población blanca y la población negra. Desigualdades que incluso han aumentado como consecuencia de la crisis económica actual. Y hay detalles poco halagüeños: a la conmemoración celebrada el pasado 28 de agosto no asistió ningún presidente republicano.

El siguiente reportaje nos informa sobre estos acontecimientos.

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El Imperialismo norteamericano en los inicios del siglo XX

El imperialismo norteamericano fue un fenómeno ligeramente diferente del europeo. En primer lugar porque sus objetivos se hallaron, en principio, en el mismo continente y en segundo lugar porque sus intereses eran más estratégicos y políticos que económicos.
Estos intereses se definieron en torno a algunas concepciones ideológicas y estratégicas:

  • La doctrina Monroe (1823) que proponía la exclusión de los territorios americanos de cualquier dominio colonial europeo. Bajo su apariencia antiimperialista se encontraba el interés estadounidense por reservarse la capacidad de influir y controlar el área centroamericana y caribeña, en un momento en el que el Imperio español estaba desmoronándose.
  • La doctrina del Destino Manifiesto que proponía la idea de que el pueblo norteamericano (de origen protestante y anglosajón) había sido elegido por Dios para elevar la condición de la humanidad, lo cual les otorgaba el derecho a ejercer su dominio sobre otros pueblos y territorios, porque esta elección implicaba el reconocimiento de su superioridad.
  • La doctrina del almirante Alfred T. Mahan, partidario de extender el dominio norteamericano a través de una estrategia de control marítimo mediante la creación de bases navales y de flotas de guerra. Este control afectaría primero a las aguas próximas al territorio americano -Golfo de México y Pacífico- para después extenderlo a las principales rutas marítimas internacionales.
  • El Corolario Roosevelt, propuesto en 1904 por el presidente Theodore Roosevelt. Este ideario revisaba la doctrina Monroe proponiendo el derecho a la intervención en los asuntos internos de los países latinoamericanos cuando los intereses políticos o económicos de los EE UU o sus ciudadanos y empresas estuviesen en peligro.

La primera fase de su expansión fue lo que denominamos “la conquista del oeste”, un proceso que lo llevaría a enfrentarse con México en una guerra (1846-1848) que le proporcionó unos inmensos territorios hasta el Pacífico (ver mapa adjunto 1). Al mismo tiempo, la población indígena, los “indios”, iba quedando reducida numéricamente  y concentrada geográficamente en las llamadas reservas.

La segunda fase se concentró en su dominio hegemónico del Caribe y su pretensión de hacerlo sobre el Pacífico. En ello tuvo una importancia crucial su intervención en la guerra hispano-cubana; la derrota española le proporcionó la cesión de Puerto Rico, Filipinas y Guam, así como el control de Cuba, nominalmente independiente. El proceso se completaría con la compra de Alaska (1867) y la anexión de Hawaii (1898) (mapa 2).

Mapa 2. Fuente: Historia del Mundo Contemporáneo. Ed. Santillana (2008)

El siguiente paso fue el intervencionismo militar y político en el área del Caribe. Pocos fueron los países de la zona que se libraron de él. Esta zona se convirtió en el trampolín para su proyección hacia el resto de América Latina. En el mapa 3 se puede apreciar la intensidad de este fenómeno.

Otra interesante visión cartográfica del tema la aportan Julián Rodríguez Domínguez y Julián Rodriguez Gavilán.
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